domingo, octubre 30, 2005


Certamen amebeo


Salid sin duelo , lágrimas, corriendo” (Garcilaso, Égloga I)

El dulce lamentar de dos mancebos,
El fermoso Salicio y el fornido Nemoroso ,
He de cantar sus quejas imitando;
Sus ocres botellas, al canto
Estaban muy atentas, escuchando
De permanecer extáticas, los dóciles amores.

Salicio, recostado a la nocturna vera
De un banco ajado de plazoleta ignota
Por donde el viento acariciaba
La pútrida y esquelética escoria
Que resonaba metálica en la atmósfera
De aquel lugar tan lóbrego.

Sus murmullos se acompasaban
Al rumor que sonaba
De la rabiosa muchedumbre.
Queja tan ásperas
el orbe inundaban
Por aquellas ,
Que poseían culpa de sus dolores:

Salicio: Chabón , la mina no me da ni cinco de bolilla. Parece frígida.
Siempre se hace la diva y anda cortándole el rostro a todos. No sé porque no me da bola, yo no soy tan feo...no voy para atrás.
Pero está tan buena, no sabés.... Mi Galatea es hermosa. Si te dijera, tiene el pelo larguísimo, totalmente rubio. Unos ojos que son un flash ... muy verdes. Tiene la piel blanca... Pero, ay, si me acuerdo, me bajoneo. Ni la hora ¿Sabés lo que pasa, Nemoroso? Me parece que Galatea está saliendo con otro pibe. El otro día, la vi por ahí en la calle con un tipo de la mano. Casi me muero, tenía ganas de morir. Se me caían las lágrimas.
Estoy muy mal, no sé qué hacer. Me pegó la piba...Si ella me hablara, todo tendría sentido para mí. Los días serían mejores. Ya ni me preocuparía los temas del laburo o el estudio.

Nemoroso: Che, pero eso no es nada. Por lo menos, la tenés cerca. A mí me ocurre lo peor. Elisa se me fue a vivir a Europa con la familia. No sabés cómo nos queríamos. Me la pasaba con ella de un lado al otro, hacíamos planes para convivir, pero los padres se quisieron ir a vivir a España, viste, por eso de la situación económica. Estoy ultra bajoneado. No encuentro paz. Sin ella no puedo estar, chabón. Un día de estos me piro...

Al despuntar en la ignota plazoleta
El alba que todo lo hermosea
La gris figura de las construcciones
Desplegaba todas sus sombras aladas
Como temeroso paso.
Los mancebos de tristes amores
Sumidos en fatídico sueño desesperado,
Abandonando sus botellas quebradas,
Se fueron recogiendo paso a paso...

(la conversa de los mancebos fue oída azarosamente en el seno de un ignoto colectivo)


Pintura: "Acis y Galatea", N. Poussin

lunes, octubre 24, 2005




Histerus


(must I hide?)

Mutó en deidad y acometió al orbe con su neurastenia. Omnipotente. Construyó encrucijadas a granel , cargó las ilusiones sobre las espaldas de los hombres como nuevos atlas estériles.
Convenció a la natura para que jugara una partida de dados en su compañía
En el afán de edificar almas.
Profanó los úteros de las vírgenes con plagas dolorosas y atormentadas urgencias.
Preñó a la locura. Instauró la lid parturienta.
El mórbido eros de los vientres obtusos.
Gota
Gotas
En el himen , sudor.
En la fiebre, hálito cutáneo.
Suave inática
Suicida

viernes, octubre 14, 2005

De vita Mortis

(Intermissio al coito de poemas)

La muerte y Odiseo (1915) - LORD DUNSANY


En la corte del Olimpo, el Amor reía ante la Muerte, porque era desagradable, porque no podía ayudarle ya que ella nunca había hecho nada que valga la pena y el Amor sí.
Y la Muerte odiaba ser motivo de risas, y solía apartarse para pensar en sus defectos y en como podía hacer para poner fin a este intolerable tratamiento.
Pero un día la Muerte apareció en la corte con cierto aire. Y todos los demás lo notaron. "¿Qué es lo que te traes ahora?" preguntó el Amor. Y la Muerte con cierta solemnidad, le dijo: "voy a asustar a Odiseo"; y enarbolándose con su capa gris de viajero, salió a través de la puerta con rumbo a la Tierra.
Y ni bien llegó a Itaca y al vestíbulo que Atena conocía, y abrió la puerta, vio al famoso Odiseo, con sus blancos mechones colgando cerca del fuego, tratando de calentar sus manos.
Y el viento que penetró por la puerta abierta resopló sobre Odiseo.
Y la Muerte se puso frente a él y de repente gritó.
Y Odiseo volvió a calentarse sus pálidas manos.
Entonces, la Muerte se acercó más y comenzó a vociferar.
Y luego de un rato, Odiseo se volvió y dijo: "Bueno, viejo lacayo, ¿han sido buenos contigo tus amos desde que te hice trabajar en Ilión?"
Y la Muerte, por un momento se quedó enmudecida, y recordó la risa del Amor.
Entonces, "ven," dijo Odiseo, "dame tu hombro," luego de lo que se reclinó pesadamente en tal huesuda coyuntura, y ambos pasaron juntos a través de la puerta abierta.

domingo, octubre 09, 2005

Obsessio

Era un artista consumado. Su nombre generaba una mueca de solemnidad en los rostros de los críticos y la restante fauna culta. Las escasas letras de su seudónimo , impresas en dorados caracteres, ampulosos hasta la hipérbole, iluminaban los escaparates de las principales librerías.
Su obra cumbre era objeto de benévolos comentarios. La cúspide anhelada.
En sus ratos de insomnio, planeó la continuación de tal obra maestra. En su pequeño, desnudo departamento pasaba largas horas estériles frente a la pantalla de la computadora, intentando esbozar una novedosa idea madre que lo llevara a la fama inmortal.
Sus musas de antaño, reticentes y exhaustas de tantas plegarias derramadas, se hicieron volátiles y terminaron por diluirse en innumerables tazas de café.
El deseo de gestar un producto excelso hizo que buscara dar una vuelta rotunda a su producto ilustre.
Se mesó los cabellos, hizo crujir sus falanges, golpeó su entrecejo en busca de las luminarias que lo condujesen a un humilde, táctil “insight”.
Maquinalmente, sus dedos teclearon una palabra en la pantalla. Hostigado por ella, la deshizo. Era idéntica a la idea que ya lo habían consagrado.
Preocupado por su aridez, recorrió con paso presuroso todo el espacio de su departamento. No le importó arrojar algunos objetos al piso.
Un golpe de éxtasis lo impulsó nuevamente hacia la pantalla. Sus dedos, humosos, frágiles, teclearon una palabra. Inesperadamente, golpeó la pantalla y deshizo nuevamente la pequeña retahíla de letras. El sintagma era el mismo que el anterior, con leves variaciones.
Apagó la máquina. Pensó que el descanso le haría bien. No durmió. Sus ojos crispados sostenían la misma , persistente idea. La sensación de la infinitud de aquellas letras contagió su cuerpo. Se hizo un ovillo.
¿Estallaría? El silencio se hacía cada vez más opalino. Calientes lágrimas sembraron sus mejillas frías. Sus deseos de rehuir, de despedazar la extraña, idéntica palabra ganaron toda su atención y tiempo.
Al día siguiente, decidió tomar un paseo para calmar su espíritu, luego de una noche febril. Se levantó con ese infructuoso propósito, mas notó que la palabra estaba encaramada a sus sienes y como un parásito, chupaba sus energías. Abrió la puerta , salió. Su paso era angustioso y vacío.
--
Nadie podía hallarlo. Hacía días que no contestaba el teléfono. Decidieron forzar la puerta del departamento y hallar indicios de él. Con esfuerzo, lograron entrar en la desnuda vivienda.En todos los resquicios, restallaba una abatida y monocorde palabra.

domingo, octubre 02, 2005




Elegía

“Miro siempre al sol que se va
porque no sé qué algo mío se lleva” (Dulce Loynaz) ”


El filo de un estilete
Surte la carne
De espantosas muecas

cuando el alma escapa
Por sus hondonadas
gime y resuella.

¡Dolor , eléctrico pasmo,
sopor de los días, bienvenido!

No te veré ya
Humedecer mis labios
Ni moldear tu sombra
lene
en un
Muro garabateado

El cielo se escurre entre los dedos
Y es pisoteado por los transeúntes.